Antes de que existieran los tanques, las computadoras de buceo o el neopreno, ya había gente bajando al fondo del mar con una sola respiración. En la costa de Ise-Shima, en la Prefectura de Mie, esa tradición no es una anécdota histórica: sigue viva en las Ama, "las mujeres del mar", buceadoras japonesas que hace miles de años cosechan del fondo a pulmón, sin aire embotellado. Bajan con una inhalación, buscan entre las rocas, y suben antes de volver a respirar. Es una de las formas más antiguas y más humanas de meterse en el agua, y tiene mucho para decirnos incluso desde acá, desde una escuela de buceo en el centro de Argentina, donde el paisaje no podría ser más distinto.
Quiénes son las Ama
Ama significa, literalmente, "mujer del mar". Son buceadoras tradicionales que recolectan alimento del fondo marino en apnea, es decir, aguantando la respiración, sin tanque. Según la Organización Nacional de Turismo de Japón, las Ama más experimentadas descienden hasta cerca de 15 metros y sostienen la respiración hasta unos 60 segundos por inmersión. No es poca cosa: es un trabajo físico, repetido decenas de veces por jornada, en agua fría y con corriente.
Lo que capturan también tiene su historia. Recolectan abulón, caracoles turbante, erizos de mar, pepinos de mar, algas y langosta espinosa. El abulón, en particular, ocupa un lugar especial en la cultura de la zona: llegó a usarse como ofrenda sagrada ligada al santuario de Ise Jingu. No es solo pesca; es un oficio entrelazado con lo espiritual y lo comunitario.
La tradición es ancestral, con miles de años de historia. Hay referencias a las Ama en el Man'yoshu, la célebre colección de poesía japonesa del siglo VIII, lo que da una idea de cuán hondo está enraizada esta práctica en la identidad de la región de Toba y Shima.
Apnea pura: bucear con lo que el cuerpo tiene
Acá aparece el contraste que más nos interesa. Las Ama bucean en apnea: una respiración, una inmersión, y de vuelta a la superficie. Nada de válvulas ni de gas comprimido. En nuestra escuela hacemos algo técnicamente distinto: buceo en Córdoba, buceo autónomo con tanque, en agua dulce, en los diques de altura. Distinta técnica, distinto equipo, distinto entorno.
Pero el punto de encuentro es más profundo que la diferencia. Si te interesa entender en qué se parecen y en qué se distinguen estos dos mundos, tenemos una nota dedicada a la diferencia entre apnea y buceo. Y si nunca probaste bajar con una sola respiración, el buceo de las Ama es un recordatorio de hasta dónde puede llegar un cuerpo entrenado: no hace falta empezar a 15 metros, se empieza de a poco, con método, como contamos en apnea para principiantes.
Lo que comparten la Ama y quien bucea con tanque es el respeto por la respiración y por el agua. En apnea, la respiración es todo. En buceo autónomo, la respiración también manda: respirar tranquilo, sin apuros, y ascender despacio, a no más de 9 metros por minuto, es la base de la seguridad. Distinta herramienta, misma humildad.
Reglas ancestrales que hoy llamaríamos sustentabilidad
Una de las cosas más notables de las Ama es que nunca dependieron de una app ni de una regulación moderna para no arrasar con el mar. El oficio se transmite de generación en generación, y con él, un conocimiento fino: reconocer las zonas más productivas, leer el mar y, sobre todo, cosechar sin agotar los recursos locales.
Sus reglas tradicionales de pesca son, en la práctica, un sistema de sustentabilidad hecho a mano. Limitan qué especies se pueden capturar, los tamaños mínimos, la temporada permitida y hasta cuánto tiempo se puede permanecer en una misma zona. Todo apunta a lo mismo: no sobreexplotar, dejar que el recurso se recupere, pensar en la próxima generación de buceadoras.
Esa ética conecta directamente con lo que entendemos por buceo responsable. En un dique, como en el mar de Mie, el que se mete al agua es visitante, no dueño. No tocar lo que no hay que tocar, no llevarse nada, no romper el fondo: son reglas que las Ama practican desde hace milenios y que cualquier buzo moderno haría bien en adoptar.
Mujeres referentes y una larga vida en el agua
Las Ama son, además, un caso poco común de un oficio históricamente liderado por mujeres. Muchas empiezan de jóvenes y siguen activas hasta bien entradas en años; hay Ama que continúan buceando incluso en sus setenta. Es una historia que vale la pena poner junto a otras mujeres referentes del buceo: distintas épocas y disciplinas, la misma constancia frente al agua.
Vale la pena aclarar un punto, porque circula un mito. Se suele contar la historia de "la buceadora de 80 años que sigue bajando al mar". La versión precisa es otra. Reiko Nomura fue perfilada por The Japan Times en 2012, cuando tenía 80 años, en Osatsu. Había empezado a bucear alrededor de los 10 años, pero a los 80 ya no buceaba: había dejado unos años antes y trabajaba como anfitriona en una cabaña Ama, recibiendo visitantes, preparando comida y contando su propia historia. La longevidad real de las Ama es impresionante de por sí; no necesita exageraciones.
Un oficio que envejece y resiste
La tradición atraviesa un momento difícil. Según la Organización Nacional de Turismo de Japón, en 1978 había cerca de 9.100 Ama en Japón; hoy quedan alrededor de 2.000, casi la mitad concentradas en Shima y Toba. Reuters informó en 2024 que en el distrito de Shirahama, en Minamiboso, el número cayó a 40 buceadoras en 2023, un 70% menos que en 2006, mientras la edad promedio subía de 68 a 72 años. El Servicio de Parques Nacionales de Japón calcula que en Mie todavía quedan más de 600 Ama en actividad.
Las razones del declive son concretas: el envejecimiento de quienes ejercen el oficio, la baja paga y la disminución de los recursos marinos. Aun así, hay señales de continuidad. Reuters reseñó el caso de Ayumi Inoue, de 51 años, que se formó como Ama, prueba de que la tradición todavía encuentra quién la lleve adelante.
También cambió el equipo, y está bien que así sea. Muchas Ama modernas usan neopreno, antiparras y aletas; la característica ropa blanca tradicional quedó como símbolo cultural más que como uniforme de trabajo diario. Lo que no cambió, lo esencial, sigue intacto: bucean a pulmón, sin tanque.
Lo que nos llevamos, desde Córdoba
En Córdoba buceamos distinto a las Ama. Acá no hay mar, ni coral, ni langostas espinosas: hay agua dulce, diques y altura, y se baja con tanque y equipo autónomo. Son dos escenarios que casi no se tocan. Y sin embargo, la historia de las mujeres del mar deja algo que trasciende el equipo y el paisaje: la idea de que meterse al agua es un privilegio que se cuida, con técnica, con paciencia y sin arrogancia.
Sea a pulmón en la costa de Mie o con tanque en un dique cordobés, el buceo bien hecho empieza en el mismo lugar: respirar tranquilo, respetar el fondo y salir del agua dejándolo como estaba. Las Ama lo entendieron hace miles de años. No es mala escuela.
Fuentes: Times of India, The Japan Times, Organización Nacional de Turismo de Japón y Reuters.