El 6 de agosto de 2026, la húngara Zsofia Törőcsik bajó a 107 metros conteniendo la respiración, sin más impulso que sus propias manos tirando de una cuerda vertical. Es un nuevo récord femenino en la disciplina de Inmersión Libre (Free Immersion, FIM), según informó el medio especializado Divernet. Números así producen vértigo y admiración a partes iguales. Pero antes de que te imagines algo parecido en tu próxima salida, conviene ordenar las ideas: lo que hace una atleta de élite en una competencia homologada no tiene nada que ver con lo que hacés vos cuando aprendés apnea de forma recreativa. Este post es sobre eso: entender el récord, entender la disciplina y, sobre todo, entender por qué la seguridad es la parte que nunca se recorta.
Qué es la apnea de profundidad
La apnea de profundidad es sumergirse lo más hondo posible con una sola respiración, sin tanque ni suministro de aire. La modalidad del récord de Törőcsik se llama Inmersión Libre (FIM): la persona baja y vuelve a subir tirándose de una cuerda vertical con las manos, sin aletas ni ningún otro sistema de propulsión. Es una de las formas más puras y exigentes del deporte, porque toda la eficiencia depende del cuerpo y de la técnica, no del equipo.
Si querés ubicar dónde encaja esto dentro del mundo del deporte a pulmón, tenemos una guía que te puede ayudar a distinguir las cosas: la diferencia entre apnea y buceo. Son actividades emparentadas, pero con lógicas y riesgos distintos.
Qué le exige al cuerpo bajar tan hondo
Descender más de cien metros a pulmón obliga al organismo a resolver varios problemas al mismo tiempo. El primero es la ecualización: a medida que la presión aumenta con la profundidad, hay que equilibrar la presión en los oídos y los senos paranasales de forma constante y cuidadosa. Un error ahí no es un detalle menor.
El segundo desafío es el movimiento eficiente. En FIM, cada brazada sobre la cuerda tiene que gastar el mínimo de energía posible, porque cada gasto extra es oxígeno que se consume. Y eso lleva al tercer punto, el más delicado de todos: el manejo preciso del oxígeno. El cuerpo tiene que administrar una reserva limitada durante todo el descenso y todo el ascenso. La atleta juega en un margen estrecho, entrenado durante años, controlado por protocolos y monitoreado por un equipo de seguridad. No es intuición ni aguante bruto: es fisiología llevada al límite con método.
Un récord que cambió varias veces en un solo año
Lo que hace especial a 2026 es la velocidad con la que se movió la marca absoluta. La propia Törőcsik había llegado a 105 metros en abril, en un evento en Filipinas. En mayo, la ucraniana Nataliia Zharkova lo mejoró a 106. En julio, la estadounidense Enchante Gallardo igualó esos 106 metros. Y en agosto, Törőcsik lo llevó a 107, esta vez en el AIDA Lastovo Super Deep Week, en Croacia. Cuatro movimientos de la marca en cuestión de meses: una señal de lo competitiva que está la disciplina hoy.
Törőcsik, además, tiene el récord mundial de 280 metros en Dinámica con Monoaleta (DYN), una prueba de distancia horizontal a pulmón. Es decir, no es una especialista de una sola prueba, sino una atleta completa.
Por qué un récord no vale hasta que se verifica
Acá hay un detalle que suele pasar desapercibido y que dice mucho sobre la seriedad del deporte de élite. Antes de homologar una marca, AIDA —el organismo que rige la apnea de competición— exige un control antidopaje obligatorio y una revisión post-competencia. El récord no se da por confirmado hasta que se completan todos los pasos de verificación, incluido el análisis de laboratorio. Dicho de otro modo: el número no vale por sí solo; vale cuando el sistema lo valida. Esa cultura de control y protocolo es justamente lo que separa una hazaña deportiva de un acto temerario.
La regla que no se negocia nunca
Y llegamos al punto que más nos importa. La apnea de profundidad de competición se hace con jueces, con buzos de seguridad esperando en el agua, con cuerda guía y con protocolos ensayados. Jamás en solitario. Toda esa estructura existe porque el riesgo es real y porque el deporte lo toma en serio.
Trasladá esa mentalidad a tu nivel, sea cual sea. La regla de oro de la apnea recreativa es simple y no admite excepciones: nunca bucees a pulmón solo. Siempre tiene que haber un compañero atento en la superficie, listo para asistirte. Y nunca hiperventiles antes de una inmersión: lejos de ayudarte, engaña a tu cuerpo y aumenta el riesgo de un desmayo bajo el agua. Estos no son consejos opcionales; son la base sobre la que se construye todo lo demás. Si querés profundizar en el tema, tenemos una guía dedicada a los riesgos y la seguridad en apnea que vale la pena leer antes de meter la cabeza bajo el agua.
Cómo se progresa de verdad en apnea
La buena noticia es que la apnea recreativa, hecha bien, es una actividad accesible, saludable y profundamente disfrutable. El camino no pasa por perseguir metros como un atleta de élite, sino por construir técnica, relajación y confianza de a poco, con progresión y supervisión.
Con entrenamiento adecuado vas a notar que tu capacidad de mantener la calma mejora, que tu cuerpo se adapta y que empezás a disfrutar del agua de otra manera. Si te interesa entender qué trabaja el cuerpo cuando practicás de forma progresiva, mirá cómo aguantar más la respiración y también los beneficios de la apnea. Ahí vas a encontrar el enfoque real: paciencia, método y compañía. Nunca sola o solo, nunca apurando el proceso. Los récords son para admirar; tu progreso, para construirlo con cabeza.