Cuando alguien piensa en "ver bichos" buceando, se imagina un arrecife de colores y peces payaso. Los diques de Córdoba no son eso, y está perfecto que no lo sean. Acá el buceo es de agua dulce, en altura, con agua fría y una visibilidad que va y viene. Lo que se ve no salta a la cara: se te aparece de a poco, si vas tranquilo y sabés dónde mirar. Esta es una ficha de la vida que podés cruzarte bajo el agua en nuestros embalses. Ojo con la palabra "podés": nada de esto está garantizado. La fauna de un dique no es un acuario, es un ecosistema que responde a la temporada, la hora y, sobre todo, a lo prolijo que seas vos.
Qué esperar bajo el agua
Primero, encuadremos con honestidad. La visibilidad en los diques cordobeses no suele ser mucha y cambia todo el tiempo: un par de metros en un día normal, algo más en una jornada calma, y bastante menos después de una lluvia o con viento que remueve el sedimento. El agua es fría casi todo el año, más todavía en invierno, y eso condiciona el comportamiento de los peces: cuando baja la temperatura bajan el metabolismo y se mueven menos, mientras que con el agua más templada del verano hay más actividad, sobre todo cerca de la superficie.
Si querés el panorama completo del paisaje y las estructuras sumergidas, eso ya lo cubrimos en qué se ve buceando en los diques de Córdoba. Acá no vamos a repetir eso: el foco son los seres vivos.
Los peces que podés cruzarte
Pejerrey. El clásico de nuestras aguas. Anda en cardumen, en zonas abiertas y aguas medias. Es plateado, elegante y esquivo: cuando te ve, el cardumen entero se corre. No esperes que se te acerque; más bien lo ves pasar a distancia.
Tararira (tarucha). Cazadora de emboscada. Es solitaria y suele estar quieta entre vegetación, troncos hundidos o sombras. Si no la molestás, no se asusta fácil, así que es de las que mejor se dejan observar, pero tenés que encontrarla primero. Buscá la quietud, no el movimiento.
Carpa común. Vive cerca del fondo, remueve el sedimento buscando comida y anda sola o en grupos chicos. Tolera bastante la presencia del buzo. En algunos espejos de agua también se cruza la carpa Amur (o carpa herbívora), más grande y ligada a zonas con vegetación.
Bagres (blanco, amarillo y sapo). Son los del turno noche. De hábitos crepusculares y nocturnos, de día suelen estar escondidos bajo troncos, piedras o en zonas de fondo. Los ves quietos, refugiados. El bagre sapo, en particular, se mimetiza tan bien con el fondo que muchas veces pasás por al lado sin registrarlo.
Dientudo. Nada en cardumen en aguas medias, es rápido y bastante curioso. Como su nombre lo canta, tiene dientes; no representa un problema para el buzo, pero es lindo verlo maniobrar en grupo.
Sábalo. Otro pez de cardumen, a veces bastante numeroso. Se alimenta en el fondo, filtrando detrito, y es esquivo: te lo cruzás más como una nube que se aleja que como un pez que se queda posando.
Mojarras y tosqueritos. Los más chiquitos y los más accesibles. Andan en cardúmenes cerca de la superficie y de las orillas, en aguas someras. No le tienen demasiado miedo al buzo, así que si te quedás quieto, es probable que se acerquen a curiosear. Muchas veces son lo primero que ve un alumno en su bautismo.
El perilago: lo que vive en la orilla
No todo pasa bajo el agua. En el perilago (la superficie y las orillas, no en la inmersión) hay un montón de vida que vale la pena registrar antes o después de bucear: aves acuáticas como biguás, garzas y patos, además de anfibios y tortugas de agua. No los vas a ver en el fondo, pero forman parte de la experiencia de un día de buceo en el dique y te dan una idea de qué tan sano está el ambiente.
Cómo ver más fauna
Acá está el secreto, y es puro oficio: la fauna de agua dulce premia al que va lento y observa. Un buzo que patalea fuerte, levanta el fondo y avanza como si tuviera apuro no ve nada, porque espanta todo antes de llegar. Por algo los buzos con más experiencia bucean despacio: no es pose, es la única forma de que la vida no salga corriendo. Sumale una buena flotabilidad para ir despegado del fondo y no enturbiar el agua ni taparte tu propia visibilidad; si te cuesta mantenerte neutro, mirá control de flotabilidad.
Con la temperatura del agua de acá, además, se bucea con traje adecuado todo el año; los milímetros de neopreno son orientativos y varían según la temporada y tu tolerancia al frío. La quietud y la paciencia hacen el resto.
Si te copa la idea de ir a mirar de verdad, sin apuro, esta es una de las cosas más lindas de bucear en casa. Pasate por buceo en Córdoba para ver los diques donde salimos, y escribile a Marcelo para coordinar una salida y aprender a moverte bajo el agua sin espantar a nadie.