Si alguna vez sentiste una molestia o un pinchazo en el oído mientras bajabas, sabé que es de las experiencias más comunes en el buceo, y también una de las más malentendidas. La buena noticia es que la mayoría de los problemas de oído al bucear son prevenibles con técnica, paciencia y sentido común. La otra cara de la moneda: el oído no es un lugar para "aguantar" ni para forzar. En esta guía te contamos, de forma clara y honesta, por qué duele el oído bajo el agua, cómo cuidarlo y cuándo la decisión sensata es no meterte al agua o consultar a un profesional.
Antes de seguir, una aclaración importante: esto es contenido informativo para que entiendas mejor tu cuerpo y bucees con más tranquilidad. No reemplaza, en ningún caso, el consejo de un médico. Si tenés un problema de oído, real o sospechado, la conversación que importa es con un especialista, no con un artículo. Y si querés el panorama general de salud y buceo, te dejamos a mano nuestra guía de salud y buceo: quién puede bucear.
Por qué duele el oído al bucear: todo es cuestión de presión
El oído nos duele bajo el agua por una razón física, no por mala suerte. Cuando descendés, la presión del agua aumenta de manera constante: cada pocos metros, el entorno te aprieta un poco más. Esa presión empuja hacia adentro el tímpano, una membrana delgadísima que separa el conducto auditivo externo del oído medio.
El oído medio es una cavidad llena de aire. Para que el tímpano no se deforme ni se tensione de más, ese aire de adentro tiene que igualar la presión del agua de afuera. Ahí entra en juego una pequeña estructura llamada trompa de Eustaquio, que conecta el oído medio con la parte de atrás de la nariz y la garganta. Cuando todo funciona bien y la compensás a tiempo, esa diferencia de presión se equilibra y no sentís dolor. Cuando esa diferencia se acumula sin equilibrarse, aparece primero una molestia, después dolor, y si seguís bajando, el riesgo de lesión.
En pocas palabras: el dolor es la forma que tiene tu cuerpo de avisarte que la presión de adentro y la de afuera no están iguales. No es un detalle menor que ignorar. Es una señal para detenerte.
Compensar: la habilidad que cambia todo
Compensar (o ecualizar) es, sencillamente, igualar la presión del oído medio con la del entorno. Es la técnica más importante que vas a aprender en tus primeras inmersiones, y la que más previene problemas. Lo central no es la fuerza, sino el momento y la suavidad.
Estas son las ideas que más nos gusta repetir cuando enseñamos:
- Compensá temprano, desde la superficie o apenas empezás a bajar. No esperes a sentir molestia: para entonces, ya vas tarde.
- Hacelo de forma suave y frecuente. Muchas compensaciones pequeñas son mejores que una grande y forzada.
- Descendé despacio. La prisa es la enemiga número uno del oído. Si bajás lento, le das tiempo a tus oídos a ponerse al día.
- Si no compensa, frená. Subí unos metros, relajá, intentá de nuevo con calma. Nunca fuerces el descenso "a ver si pasa".
Como las técnicas de compensación merecen una explicación dedicada, paso a paso, no las vamos a resumir acá a las apuradas. Tenemos una guía completa de la Academia sobre cómo compensar los oídos al bucear, con las distintas maniobras y cómo practicarlas con seguridad. Si te cuesta compensar o querés afinar la técnica, ese es el lugar para empezar.
Qué es un barotrauma de oído
Cuando la diferencia de presión no se equilibra y se sigue forzando el descenso, puede producirse un barotrauma de oído: una lesión causada justamente por esa presión sin compensar. El tímpano y los tejidos del oído medio se ven exigidos más allá de lo que toleran, y eso puede traducirse en dolor intenso, sensación de oído tapado que no se va, zumbidos, mareos o, en los casos más serios, lesión del tímpano.
Lo importante para vos como buceador o futura buceadora no es memorizar la fisiología en detalle, sino entender la lógica: un barotrauma de oído casi siempre es la consecuencia de no compensar a tiempo, compensar de manera brusca o bucear cuando las vías respiratorias no están del todo despejadas. Es, en gran medida, prevenible.
Para que entiendas el cuadro completo de cómo la presión afecta distintas partes del cuerpo (oídos, senos paranasales, pulmones), te recomendamos la guía de la Academia sobre barotraumas en el buceo. Está pensada para que sepas reconocer las señales y, sobre todo, evitarlas.
Cuándo NO conviene bucear: el resfrío y la congestión
Acá va uno de los consejos más valiosos y, a la vez, de los más difíciles de aceptar, sobre todo cuando ya pagaste la salida y tenés muchas ganas: si estás resfriado, congestionado o con la nariz tapada, lo prudente es no bucear.
La razón es directa. La congestión inflama y bloquea la trompa de Eustaquio, esa vía que necesitás para compensar. Con ese canal obstruido, igualar la presión se vuelve difícil o imposible, y el riesgo de barotrauma sube de manera notable. A veces parece que con un descongestivo "se arregla", pero esa es una decisión que excede lo que podemos recomendarte desde un artículo: el efecto puede pasar bajo el agua y dejarte con el problema en el peor momento. Cualquier duda sobre medicación y buceo es, otra vez, una conversación para tener con un médico.
Como instructores lo decimos sin vueltas: el agua siempre va a estar ahí. Posponer una inmersión porque estás congestionado no es perder un día de buceo, es cuidar tu oído para los miles de inmersiones que tenés por delante. Esa es la mentalidad de un buen buceador.
Cuándo ver al médico (otorrino)
Hay molestias pasajeras y hay señales que piden atención profesional. No queremos darte un veredicto, sino ayudarte a reconocer cuándo la decisión sensata es consultar.
Conviene que veas a un médico, idealmente un otorrinolaringólogo, si después de bucear notás:
- Dolor de oído que persiste y no cede en las horas posteriores a la inmersión.
- Pérdida o disminución de la audición, sensación de oído tapado que no se resuelve, o un zumbido constante.
- Mareos, vértigo o supuración (salida de líquido) por el oído.
Estas señales no son para "esperar a ver si pasa". El oído es un órgano delicado y un diagnóstico a tiempo marca la diferencia. Un otorrino puede evaluar tu situación, ver si hay una lesión y orientarte sobre cómo y cuándo volver a bucear. Lo mismo vale antes de iniciarte: si tenés antecedentes de problemas de oído, una evaluación médica previa es la mejor inversión que podés hacer.
Y si estás pensando en dar tus primeros pasos en el agua, sabé que la técnica de compensación es de lo primero que trabajamos, con calma y acompañamiento, tanto en un bautismo de buceo como en nuestros cursos de formación. Aprender a cuidar tus oídos desde el día uno es parte de bucear bien.
En resumen, sin dramatismos
Los problemas de oído al bucear son comunes, casi siempre prevenibles, y rara vez tienen que arruinarte la experiencia. La fórmula es simple de decir y vale la pena practicar: compensá temprano y suave, descendé despacio, frená si algo no anda, no bucees congestionado y consultá al médico ante cualquier señal que persista. El oído no se negocia, y un buceador prudente es, siempre, un buceador que disfruta más y por más años.
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Marcelo Marchesi, instructor de buceo FAAS/CMAS. Revisión: junio de 2026.
Contenido informativo con fines divulgativos. Ante dudas médicas o de aptitud para bucear, consultá a un profesional.