El oído es, para casi todos los buzos, la primera parte del cuerpo que "avisa" cuando algo no anda. Ese pinchazo apenas empezás a descender, esa sensación de tener los oídos tapados que no se va: son señales que conviene entender bien antes de seguir bajando. El barotrauma de oído medio es, según DAN, la lesión de buceo más común, y la buena noticia es que en la enorme mayoría de los casos se puede prevenir.
Antes de seguir: esto es material informativo y divulgativo, no reemplaza la consulta médica. La escuela no entrega aptos médicos. Quién puede bucear lo decide un médico, idealmente con formación en medicina hiperbárica. Si querés el panorama completo, pasá por salud y buceo: quién puede bucear.
Qué es el barotrauma de oído medio
Cada vez que bajás, la presión del agua aumenta. Dentro del oído tenés un pequeño espacio con aire —la cavidad timpánica— cuya presión tiene que igualarse con la del ambiente. Cuando esa presión no se compensa, aparece el barotrauma de oído medio (BTOM).
DAN lo explica de forma bastante clara: si algo obstruye el paso de aire hacia el oído medio, no lográs compensar y se genera una presión negativa, una especie de vacío relativo, dentro de ese espacio. Ese vacío tira del tejido: se inflama, el tímpano se abomba hacia adentro, puede haber pérdida de líquido y hasta sangrado. No es un detalle menor, y por eso vale la pena tomárselo en serio desde la primera molestia, cuando todavía es fácil de resolver.
Cómo compensás y por qué a veces falla
La pieza clave es la trompa de Eustaquio, el conducto que conecta la garganta con la cavidad del oído medio y que deja pasar gas cuando hace falta igualar la presión. En condiciones normales, según DAN, compensar sucede con muy poco o ningún esfuerzo: gestos tan simples como tragar o bostezar pueden ayudar a que ese pasaje se abra.
El problema aparece cuando la trompa está obstruida. Un resfrío común, las alergias o cualquier inflamación pueden hinchar o bloquear las trompas de Eustaquio, y ahí la compensación se complica. DAN suma otros dos factores que dependen de vos mientras buceás: una técnica de compensación mal hecha y un descenso demasiado rápido. En un dique de Córdoba, con agua fría y poca visibilidad, es fácil querer bajar apurado; justamente ahí es donde más conviene ir despacio, compensando seguido y sin forzar. Si un día no lográs igualar los oídos, no es un capricho del cuerpo: es una señal para frenar.
Las señales que no conviene ignorar
El barotrauma de oído medio no suele aparecer de golpe: avanza por etapas, y cada etapa es una oportunidad para reaccionar a tiempo. DAN describe una progresión que arranca con una sensación de obstrucción o congestión en los oídos. Después puede aparecer molestia o dolor de oído, que típicamente aumenta a medida que seguís bajando.
Si la cosa sigue, puede haber acumulación de líquido e incluso hemorragia. En los casos graves, el desenlace es la ruptura del tímpano, que puede provocar vértigo y pérdida de audición. Traducido a la práctica: el dolor no es algo para "aguantar" ni para compensar a la fuerza. Es el cuerpo avisándote que la presión no se igualó. Frenar el descenso, subir un poco y volver a intentar con calma es siempre mejor que empujar hacia abajo con el oído tomado.
Cuándo no deberías meterte al agua
Hay días para bucear y días para quedarse en la orilla. DAN es claro con esto: no conviene bucear cuando estás congestionado, ni cuando sentís chasquidos o chisporroteos en los oídos, ni con esa sensación de plenitud u oído tapado. Son señales de que la compensación ya viene difícil en la superficie, y bajo el agua solo empeora.
Una advertencia concreta: nada de bucear con tapones de oído. Según DAN, eso puede causar un barotrauma del oído externo, un problema distinto pero igual de evitable. Y hay un punto que conviene entender sin dramatismo pero con honestidad: la incapacidad de compensar bien los oídos es, para DAN, inhabilitante para el buceo. No significa que no puedas bucear nunca; significa que, mientras no compenses, no es momento. Todo esto se cruza con tu aptitud general: por eso existen el certificado médico para bucear y la mirada más amplia sobre la aptitud física para bucear. La aptitud final siempre la decide un médico, idealmente de medicina hiperbárica; nosotros no la firmamos.
Qué hacer si ya te pasó
Si terminaste un buceo con el oído tomado, lo primero es no improvisar. DAN recomienda, como primeros auxilios, usar un descongestivo nasal en aerosol o en gotas. Muy importante: no te pongas gotas en el canal del oído, porque si la membrana del tímpano está rota, podés empeorar la situación. Y el paso que no hay que saltear es pedir una evaluación médica profesional.
¿Alcanza cualquier médico? Según DAN, cualquier médico debería poder ayudarte, tenga o no formación en medicina de buceo, aunque un especialista en oído, nariz y garganta (otorrinolaringólogo) es lo ideal. En consulta, el tratamiento puede incluir antiinflamatorios, descongestivos y agentes mucolíticos, además de evaluar si hay perforación del tímpano y cómo está la función del equilibrio (vestibular); si hay ruptura, se deriva al otorrino. DAN también menciona que existe un sistema de calificación —el de O'Neill— para clasificar la gravedad, aunque no lo detalla.
Sobre volver al agua: no se trata de esperar a que "se te pase el dolor". DAN es específico: no vuelvas a bucear hasta que la hinchazón y la inflamación hayan desaparecido y puedas compensar bien, preferentemente con un control otoscópico de por medio. Y prestá atención a las señales de alarma: si el dolor empeora, aparece fiebre o notás alguna secreción, volvé al médico, porque pueden ser indicios de infección. Saber reconocer y responder a estas situaciones es parte de bucear con cabeza; si querés herramientas concretas, un curso de primeros auxilios DAN te da ese respaldo.
Marcelo Marchesi, instructor de buceo FAAS/CMAS. Revisión: septiembre de 2026.
Fuente: DAN (Divers Alert Network), Barotrauma de oído medio (BTOM).
Contenido informativo con fines divulgativos. Ante dudas médicas o de aptitud para bucear, consultá a un profesional.