Imaginate una partida de ajedrez donde el reloj no es un reloj: son tus pulmones. El tablero está apoyado en el fondo de una pileta y cada jugada empieza con un descenso. Bajás, movés una pieza, subís, tomás una sola respiración y volvés a hundirte antes de que el rival salga a la superficie. Se llama ajedrez subacuático y es una de esas rarezas deportivas que, mirándolas de cerca, terminan hablando de algo que nos importa mucho en el buceo: el control de la respiración y la calma bajo el agua.
Cómo se juega
Las reglas son simples de enunciar y brutales de ejecutar. Hay un tablero en el fondo de la pileta y dos jugadores que se turnan. Cada turno es un ciclo de respiración completo: descendés, hacés tu movimiento, ascendés, tomás una respiración y volvés a bajar. No se permite ningún equipo de buceo salvo los anteojos. Nada de tanque, nada de snórkel: solo vos, el aire que guardaste y el tablero esperando abajo.
El detalle que lo vuelve tenso es este: si emergés sin haber hecho tu jugada, perdés. Así de seco. No alcanza con aguantar la respiración; hay que aguantarla mientras pensás la mejor movida, con el pulso tranquilo y la cabeza clara. El pánico se paga caro.
De dónde salió
El ajedrez subacuático es una criatura moderna. Lo creó en 2012 Etan Ilfeld, y desde entonces fue ganando adeptos hasta tener su propio Campeonato Mundial. En 2024 ese Mundial se disputó en Tarnowo Podgórne, Polonia, en mayo, con 62 competidores metiendo la cabeza en el agua entre jugada y jugada.
El rey del tablero sumergido
Si este deporte tiene una figura, es el polaco Michał Mazurkiewicz, tricampeón mundial. Su historia tiene algo de reconversión: llegó al ajedrez subacuático después de una lesión de espalda durante la pandemia que lo obligó a dejar el fútbol. Del césped al fondo de la pileta.
En 2024 se metió en el libro de los récords Guinness con la marca de "más oponentes simultáneos de ajedrez subacuático": jugó contra 16 rivales a la vez. El saldo fue de 12 partidas ganadas, 3 empatadas y 1 perdida. Su recorrido incluso quedó registrado en el documental "Diving Chess: World Tour", emitido por ESPN2 en agosto de 2026. La fuente de todos estos datos es Guinness World Records.
Por qué esto le habla al buceo
Acá está el puente. En el ajedrez subacuático ganás si sabés estirar el aire mientras la mente sigue funcionando fina. Y eso es exactamente lo que trabajamos cuando practicamos apnea: bajar las pulsaciones, respirar de manera consciente, no apurarse. El enemigo real no es el agua, es la ansiedad que te hace gastar oxígeno de más.
Un buzo tranquilo consume menos aire, toma mejores decisiones y disfruta más lo que ve. Por eso el manejo de la respiración es un pilar tanto para el que hace apnea desde cero como para el que baja con equipo. Si querés entender qué las une y qué las separa, vale la pena leer la diferencia entre apnea y buceo: son primas hermanas que comparten el mismo corazón, la respiración.
La calma se entrena
Lo lindo del ajedrez subacuático, más allá de lo curioso, es que deja una lección aprovechable para cualquiera que quiera meterse en el agua: la capacidad pulmonar importa, pero la calma importa más. Un jugador que se estresa sube antes de tiempo y pierde. Un buzo que se estresa gasta el aire en minutos.
La buena noticia es que esto se entrena. Con técnica, con práctica y con paciencia, se aprende a aguantar más la respiración sin forzar, escuchando al cuerpo en lugar de pelearle. No se trata de heroísmos ni de aguantar hasta ver las estrellas: se trata de respirar mejor para necesitar menos.
Del tablero a los diques
No hace falta viajar lejos ni jugar al ajedrez para probar todo esto. En Córdoba tenemos agua dulce, diques y buceo en altura para empezar a trabajar la respiración consciente en un entorno controlado, de la mano de Marcelo Marchesi, el instructor de la escuela. La próxima vez que aguantes la respiración, pensá en esos jugadores calculando su jugada en el fondo de la pileta: la clave nunca fue tener más aire, sino usarlo con la cabeza fría. Si te dan ganas de sentir esa calma bajo el agua, bucear en Córdoba es un buen lugar para empezar.