Pocas preguntas generan tanta ansiedad como esta: "¿Puedo seguir buceando si tengo algo en el corazón?". Y tiene todo el sentido del mundo, porque el buceo es una de las pocas actividades recreativas donde el cuerpo trabaja bajo condiciones exigentes y, encima, lejos de un hospital. La respuesta honesta es que depende, y que la última palabra nunca la tiene la escuela ni un artículo de internet: la tiene un médico.
Antes de seguir, un aviso importante: este texto es informativo y divulgativo. No reemplaza una consulta médica ni te habilita ni te inhabilita para bucear. Si querés el panorama general de qué condiciones se evalúan, empezá por salud y buceo: quién puede bucear. Acá nos enfocamos en el corazón, apoyándonos en el material de DAN (Divers Alert Network), la autoridad médica de referencia en seguridad del buceo.
Por qué el corazón se lleva tantas vidas bajo el agua
Empecemos por un dato que no busca asustar, sino ordenar prioridades: según DAN, los eventos cardiovasculares causan entre un 20 y un 30 por ciento de todas las muertes que se producen durante el buceo con aire comprimido. Dicho de otro modo, el corazón es uno de los grandes protagonistas de la estadística de fatalidades, y por eso merece una conversación seria y no un trámite apurado.
¿Por qué pesa tanto? Porque el buceo con aire comprimido expone al cuerpo a muchos efectos a la vez: la inmersión, el frío, los gases a presión, una presión respiratoria elevada, el ejercicio y el estrés, y además un riesgo posterior a la inmersión de que circulen burbujas de gas en la sangre. Para una persona sana, ese combo es manejable. Para alguien con enfermedad cardíaca o con baja capacidad de ejercicio, esos mismos desafíos pueden volverse potencialmente mortales.
La mecánica es concreta. La enfermedad de las arterias coronarias reduce el aporte de oxígeno al músculo del corazón, justo cuando el esfuerzo del buceo aumenta la demanda cardíaca. Ese desajuste entre lo que el corazón necesita y lo que recibe puede desencadenar ritmos cardíacos anormales o un infarto de miocardio, en un lugar y en un momento donde resolver una emergencia es muchísimo más difícil que en tierra firme.
Enfermedad coronaria sintomática: la línea que no se cruza
Acá conviene ser claro, porque es el punto más importante del artículo. La enfermedad arterial coronaria sintomática es una contraindicación absoluta para bucear de forma segura. DAN no deja lugar a matices en este caso: no se bucea con ella. Si tenés angina, dolor de pecho con el esfuerzo o un diagnóstico activo de enfermedad coronaria que da síntomas, el buceo queda fuera de la mesa hasta que un cardiólogo diga lo contrario tras el tratamiento adecuado.
Es tentador pensar "me cuido, voy despacio, no me esfuerzo". Pero el buceo no siempre te deja elegir el nivel de esfuerzo: una corriente inesperada, una salida de emergencia, ayudar a un compañero o simplemente el frío del agua de un dique de altura pueden empujar la demanda de tu corazón por encima de lo que unas coronarias enfermas pueden abastecer. Esa es, exactamente, la situación que hay que evitar.
Presión arterial, foramen oval y otras condiciones a evaluar
No toda condición cardiovascular es una barrera absoluta. Muchas caen en la categoría de "depende", y ahí es donde la evaluación médica hace toda la diferencia.
Presión arterial. DAN toma como referencia una presión considerada normal cuando la sistólica está por debajo de 140 y la diastólica por debajo de 90 mm Hg. Una hipertensión bien controlada no es, por sí sola, una contraindicación para bucear. Pero no hay que subestimarla: es uno de varios factores de riesgo cardiovascular que el médico va a sumar al cuadro completo.
Foramen oval permeable (FOP). En aproximadamente el 25 a 30 por ciento de las personas persiste una pequeña abertura entre las dos aurículas del corazón, llamada foramen oval permeable. En la vida cotidiana suele pasar desapercibida, pero en el buceo importa: las burbujas venosas que se forman tras una inmersión pueden cruzar al lado izquierdo del corazón a través de defectos como el FOP, con riesgo de lo que se conoce como embolismo paradójico. No todo FOP obliga a dejar el buceo, pero sí es un motivo de peso para una valoración especializada.
Otras condiciones. Las disritmias (ritmos cardíacos irregulares), las valvulopatías (problemas en las válvulas del corazón) y las cirugías cardíacas previas también entran en el grupo que requiere valoración por un cardiólogo antes de cualquier decisión. Y hay una recomendación general de DAN que vale para todos: los buzos de más edad y quienes tienen factores de riesgo significativos de enfermedad coronaria deberían hacerse evaluaciones médicas regulares y los estudios apropiados, como una prueba de esfuerzo en caminadora.
Después de un evento cardíaco: tiempos y pruebas
Si ya tuviste un evento cardíaco o una cirugía del corazón, la pregunta no es solo "si", sino "cuándo" y "con qué pruebas".
DAN recomienda respetar un período de estabilización y recuperación antes de siquiera reevaluar la aptitud para bucear: por lo general se habla de un lapso de 6 a 12 meses. No es un número arbitrario ni un castigo; es el tiempo que el cuerpo necesita para asentarse y para que la evaluación posterior sea confiable.
Cuando llega ese momento, uno de los criterios que se usan es la capacidad de esfuerzo. Como referencia, la persona debería poder rendir a un nivel de 13 METS —que corresponde a la etapa 4 del protocolo de Bruce— demostrado con un electrocardiograma o prueba de esfuerzo normal. En criollo: hay que poder tolerar un nivel de ejercicio exigente, con el corazón respondiendo bien y sin señales de alarma en el test. Ese umbral ayuda a entender por qué la aptitud física para bucear no es un detalle decorativo, sino parte de la seguridad.
Quién decide (y quién no)
Repitámoslo con todas las letras, porque es el núcleo de este artículo: la escuela no da aptos médicos. Buceo.CO no puede decidir si tu corazón está en condiciones de bucear, y conviene desconfiar de cualquiera que te lo asegure sin estudios. Esa decisión la determina la evaluación médica, idealmente de un cardiólogo o de un profesional con formación en medicina del buceo. DAN es la fuente médica que citamos, pero incluso DAN es un punto de partida, no un reemplazo de tu médico tratante, que te conoce y tiene tus estudios en la mano.
El camino sensato es simple. Antes de meterte al agua, gestioná tu certificado médico para bucear con un profesional que conozca las exigencias de la actividad, y llevale este panorama para que lo evalúe en tu caso concreto. Y como el mundo real incluye imprevistos, tener cerca gente entrenada en emergencias suma muchísimo: por eso ofrecemos el curso de primeros auxilios DAN, pensado para que un problema cardíaco en el agua encuentre a alguien que sepa reaccionar.
Cuidar el corazón no es dejar de bucear "por las dudas": es tomar la decisión con la información correcta y con el médico correcto al lado.
Marcelo Marchesi, instructor de buceo FAAS/CMAS. Revisión: septiembre de 2026.
Fuente: DAN (Divers Alert Network), Aptitud cardiovascular y buceo (DAN World).
Contenido informativo con fines divulgativos. Ante dudas médicas o de aptitud para bucear, consultá a un profesional.