Después de un día de inmersiones en un dique de altura, es común terminar con la boca seca, la cabeza pesada y un cansancio que no se explica solo por el esfuerzo. Muchas veces la causa es tan simple como silenciosa: estás deshidratado. Y en el buceo la hidratación no es apenas un detalle de confort, sino un factor que influye de forma directa en tu seguridad bajo el agua.
Antes de entrar en tema, una aclaración importante: este contenido es informativo y divulgativo, y no reemplaza la evaluación de un profesional de la salud. Si querés saber si estás en condiciones de bucear, la aptitud la decide siempre un médico, idealmente de medicina hiperbárica. Podés empezar por salud y buceo: quién puede bucear.
Qué le hace la deshidratación a tu cuerpo bajo el agua
Cuando el cuerpo pierde más líquido del que incorpora, ocurre algo que a un buzo debería importarle mucho: según DAN (Divers Alert Network), la deshidratación reduce el volumen de plasma sanguíneo y la perfusión de los tejidos. En criollo, la sangre se "espesa" y circula peor.
Esto no es un problema estético ni una simple molestia. La sangre es el vehículo que transporta los gases por todo el organismo, incluido el nitrógeno que absorbés durante la inmersión. Si el flujo se reduce y la sangre está más espesa, ese transporte se vuelve menos eficiente justo cuando más lo necesitás: en el ascenso y en las horas posteriores, cuando el cuerpo tiene que eliminar el nitrógeno acumulado.
Por qué influye en el riesgo de enfermedad descompresiva
Acá está el punto que conecta un vaso de agua con tu seguridad. DAN explica que, al afectar el transporte de gases, la sangre espesada dificulta la eliminación (el llamado off-gassing) del nitrógeno. Y una eliminación menos eficiente favorece la formación de burbujas circulatorias, que son las que están detrás de la enfermedad descompresiva (DCS, por sus siglas en inglés).
Dicho de otro modo: una buena hidratación ayuda a que ese nitrógeno salga de forma más ordenada. Un estudio citado por DAN, publicado el 4 de marzo de 2008, concluyó que la hidratación oral antes de la inmersión disminuye las burbujas circulatorias, y lo describió como un medio relativamente sencillo de reducir el riesgo de DCS. No es magia ni una garantía: es una pieza más, barata y al alcance de todos, dentro de un buceo prudente.
Conviene ser claro con lo que esto significa y con lo que no. DAN clasifica la deshidratación como un factor de riesgo modificable para la DCS, no como una contraindicación —ni relativa ni absoluta— para bucear. Es decir: es algo que podés mejorar con hábitos, no una condición que por sí sola te deje afuera del agua. Y de nuevo: quién puede bucear y bajo qué condiciones es una decisión médica, no una que se resuelva con una botella de agua.
Qué deshidrata al buzo (y por qué muchas veces ni lo notás)
Lo llamativo del buceo es que combina, en pocas horas, un montón de factores que empujan hacia la deshidratación. DAN los enumera, y vale conocerlos para anticiparse:
- Respirar aire comprimido seco, que sale muy seco de la botella y te va restando humedad respiración tras respiración.
- La diuresis por inmersión: al sumergirte te dan más ganas de orinar (esa necesidad tan típica apenas entrás al agua).
- La sudoración dentro del traje, sobre todo cuando te equipás bajo el sol y esperás para entrar.
- El sol, el calor y el viento antes y entre inmersiones.
- La sal del agua de mar, que también favorece la pérdida de líquidos.
- Algunos medicamentos con efecto diurético.
- El alcohol, un clásico enemigo de la hidratación (y de las decisiones prudentes).
- Cualquier enfermedad o cuadro de diarrea.
- Los viajes en avión, muy habituales cuando uno se va de expedición.
Ninguno de estos factores es dramático por sí solo. El tema es que suelen sumarse todos el mismo día, y ahí es donde la balanza se inclina sin que te des cuenta.
Cuánta agua tomar, según DAN
La buena noticia es que la solución es simple y está en tus manos. Estas son las pautas prácticas que recomienda DAN:
- Sumá al menos 2 litros extra por día los días que buceás, además de lo que tomás habitualmente.
- Tomá de a poco pero seguido: un vaso de agua cada 15 a 20 minutos rinde mucho más que tragar un litro de golpe.
- Mirá el color de tu orina como indicador casero: bien hidratado, debería ser transparente o de un amarillo claro. Cuanto más oscura, más señal de que te falta líquido.
Es un hábito que se entrena, igual que el resto de la técnica. Trabajar tu aptitud física para bucear y llegar hidratado a la salida son dos caras de la misma moneda: un cuerpo preparado tolera mejor el estrés de la inmersión.
Hidratación en viajes de buceo y en los vuelos
DAN pone las cosas en su justa medida: en condiciones normales, la hidratación no debería ser la principal preocupación del buzo, pero tampoco algo para ignorar. La historia cambia en los viajes de buceo, donde una hidratación adecuada sí pasa a ser una preocupación clave, porque se acumulan los factores de riesgo (calor, sol, varias inmersiones seguidas y, muchas veces, un vuelo de por medio).
Y justamente el avión merece un párrafo aparte, porque volar antes o después de bucear también deshidrata. La recomendación de DAN para los vuelos es concreta: tomá alrededor de 240 ml de agua por cada hora de vuelo. Un gesto chico que, sumado al resto, marca la diferencia cuando llegás al destino listo para tu primera inmersión.
La hidratación ayuda, pero no reemplaza al criterio médico
Que la hidratación sea sencilla no significa que resuelva todo. Es una herramienta más dentro de un buceo responsable, junto con un buen perfil de inmersión, los intervalos de superficie, el descanso y —esto es lo central— una evaluación médica adecuada.
Por eso insistimos: cuidar la hidratación es tu responsabilidad y está a tu alcance, pero definir si podés bucear le corresponde a un profesional. Si todavía no lo hiciste, informate sobre el certificado médico para bucear y buscá, en lo posible, un médico con formación en medicina hiperbárica.
Y como la prevención también es saber reaccionar, formarte en primeros auxilios te da herramientas concretas para vos y para tu compañero de buceo. En la escuela podés sumar el curso de primeros auxilios DAN, pensado justamente para eso.
Tomá agua, prestale atención a las señales de tu cuerpo y dejá las decisiones sobre tu aptitud en manos de quien está capacitado para tomarlas. El agua que tomás en la superficie también bucea con vos.
Marcelo Marchesi, instructor de buceo FAAS/CMAS. Revisión: septiembre de 2026.
Fuente: DAN (Divers Alert Network), More Water, Less Bubbles.
Contenido informativo con fines divulgativos. Ante dudas médicas o de aptitud para bucear, consultá a un profesional.